Seúl, 18 de mayo de 2023
Probablemente, muchas de las personas a las que mi reseña lleve a comprar “El camino andado con mi hijo” luego me maldigan XD. Pero reseñar este tipo de libros es la ÚNICA razón por la que todavía no he cerrado esta cuenta (como ya he hecho con el resto de mis redes sociales). Y es que, cuando siguiendo los consejos de mi querida Ana González, empecé este blog de literatura coreana como medida preventiva para no salir a la calle y ponerme a lanzar improperios a todo el que pasara por mi lado, me marqué como objetivo darle una mayor difusión a la literatura de un país que, hasta entonces, era conocido por muchas otras cosas, pero no tanto por sus letras. Sin embargo, a los pocos meses me alegró muchísimo ver cómo una ola gigantesca arrasó todo bookstagram y títulos coreanos empezaron a ser reseñados y recomendados por doquier.
Como digo, eso me hace muy feliz y considero que el objetivo principal que me marqué ya no es tan necesario. Sin embargo, todavía hay algo que me da mucha pena: Señoras y señores, los libros no caducan. Quiero decir, me encanta ver cómo se reseñan las novedades de literatura coreana. Pero, créanme, hay libros que fueron publicados hace años por editoriales como Verbum, Bajo la luna, Hiperión… que apostaron por algo que apenas tenía salida por una sencilla razón: Eran buenas obras.
Como todo en la vida (¡gracias a Dios!) con el paso de los años se ha ido mejorando en técnica, marketing… y demás. Pero eso no es razón suficiente para relegar estos títulos ya publicados al olvido.
Uno de estos casos es el de “El camino andado con mi hijo”, para mí, una de las obras coreanas más hermosas, emotivas y reflexivas que he leído. Pero de verdad. No como la moda que hay ahora de encasquetar estos adjetivos a toda obra asiática que se reseñe. Aunque bueno, después de ver catalogadas muchas de las obras de Lisa See como “literatura coreana” estoy curada de espanto (perdonadme, pero en una de estas lo tenía que soltar XD).
En esta obra en cuestión, se nos narra la historia de un novelista que, tras arrepentirse de haber publicado una obra demasiado personal en la que desvelaba los secretos más escandalosos de su familia, evita a toda costa enfrentarse a su padre. Sin embargo, cuando este prácticamente le obliga a que vaya a visitarlo, decide dirigirse hasta allí recorriendo el camino que tantas veces ha hecho a lo largo de su vida, esta vez acompañado de su hijo mayor.
Las conversaciones entre padre e hijo son una sucesión de reflexiones y lecciones para el lector sobre diversos temas: lo que supone la perdida de la niñez y la entrada en la edad adulta, lo que es una verdadera amistad, la importancia de respetar tu historia y a tus mayores… pero, sobre todo, lo inquebrantable e incondicional que puede llegar a ser el amor entre un padre y un hijo.
Si antes dije que con esta reseña, muchos de los que acabasen leyéndola tendrán ganas de molerme a palos, es porque, no lo vamos a negar, algunas de las posturas que defiende son algo arcaicas y machistas. Pero, perdónenme, señores, yo soy de la opinión de que las cosas han sido como han sido y no se pueden almibarar, y que la clave para evolucionar, comprender otras culturas, desechar lo malo y promover lo bueno es el conocimiento.
A mí lo único que me chocó es que el personaje del niño no me encaja con ninguna edad. A veces demasiado maduro, a veces demasiado infantil… Eso me restó realismo. Pero será deformación profesional XD.
Otra de las razones por las que creo que no es un libro para todos es porque posee una trama que transcurre en un solo día y en la que “no pasa nada” en el exterior. Todo se desarrolla en el interior de los personajes y, esto reconozco que no es para todos. Pero sí para mí. Y mucho. Y si tú eres como yo y te apetece algo cálido, enternecedor y cargado de significado, sin duda TIENES que leer esta magnífica obra.
