lunes, 1 de julio de 2024

RESEÑA: “Perros” Keun Suk Gendry-Kim. (Reservoir Books. Traducción Joo Hasun)

Seongnam, 1 de julio de 2024


    Tanto con Hierba como con La espera el talento de Gendry-Kim quedó demostrado de manera indiscutible. Con Perros su maravilloso trabajo está de nuevo fuera de toda cuestión. Y digo maravilloso, refiriéndome a las ilustraciones y a la manera en la que está planteada y narrada la historia. Es por ello por lo que creo que, si te gustaron las obras anteriores de esta autora, debes darle sin ninguna duda una oportunidad a esta, independientemente de todo lo que voy a explicar a continuación.

    Siendo sincera, a mí, PERSONALMENTE, no me ha gustado nada. Si es cierto que es una obra muy diferente a las anteriores, en las que la trama giraba en torno a heridas causadas por conflictos históricos reales, algo que a mí particularmente me parte el alma. Quizás por eso, este cambio de registro me pilló un poco “fuera de juego”. Sin embargo, eso no es para nada negativo. Al contrario, es de agradecer que quienes ya conocen “su fórmula de la Coca-cola para el éxito” no se limiten o encasillen a sí mismos y busquen siempre crear obras que resuenen con ellos en cada una de sus facetas como ser humano.

    Ahora bien, a mí esta historia se me hizo tremendamente repetitiva. No noté un avance durante toda la lectura, ni tampoco una conclusión clara al final. ¿Es mala obra? Ya dije que no. Pero no logré conectar con ella a pesar de lo trágico y lamentable que narra. Historias de maltrato animal con las que es imposible no sentirte conmocionado.

    Y bien es cierto que así me sentí al principio… hasta que se empezó a retratar la sociedad coreana rural de la manera en la que se hizo.

    He estado pensando muy mucho si hacer esta reseña o no porque sé que me van a llover palos hasta en el carnet de identidad, pero bueno, “Banzai”. La verdad es que me molesta mucho como se retrata la sociedad rural coreana en UNA ÉPOCA ACTUAL, perpetuando el estigma de “come-perros” que hace AÑOS que quedó atrás. ¿Muchos? No, no muchos. Pero sí los suficientes como para que se vayan dejando atrás ciertas imágenes sociales que no sirven para nada, más que para continuar perpetuando clichés orientalistas.

    Si este libro lo lee alguien como yo, o como tú, que si me sigues es porque probablemente tienes un mínimo de conocimiento de la cultura coreana, puede que lo vea desde una perspectiva más amplia y sepa racionalizar y gestionar el mensaje de manera adecuada. 
    
    Ahora bien, lo toma un lector virgen en estos temas, y la imagen que se lleva de los coreanos no-seulenses es la de que son unos bárbaros sin corazón.

    Para vuestra información, dicha práctica ha sido prohibida mediante una ley aprobada por el Parlamento coreano. Por lo tanto, es algo del pasado. Y, en mi opinión, esto es algo que debería aclararse cada vez que se aborde el tema.

    Bien sabéis todos que, por mucho que me guste la cultura y la literatura coreana, no hay nadie que esté más en contra de la idealización del país que yo. Siempre os repito que ni es Disneylandia, ni la población orina colonia y defeca chocolate. Es un país maravilloso, pero con sus taras, COMO TODOS. Solo que quizás, unas taras diferentes, pero solo eso. Sin embargo, esto tampoco lo convierte en un infierno lleno de seres sin corazón.

    No sé… Lo cierto es que creo que es bueno que lo leáis vosotros mismos, pero teniendo en cuenta que quizás, a fin de presentar varios ejemplos, las cosas pueden percibirse un tanto exageradas.