Seúl, 2 de junio de 2022
¡Hola a todos y todas! Hoy vengo con la reseña de uno de los libros a los que más ganas le he tenido últimamente. Desde que me enteré que la editorial Hwarang iba a publicar una obra de Lee Kiho, juré no descansar hasta poder hincarle el diente.
Y es que este autor me encanta. Ya había leído dos obras de él previamente (una en coreano y otra en inglés, pues hasta el momento no había sido traducido al español) y ambas me habían fascinado. Pero, ¿por qué? Pues porque este autor en un maestro en el arte de combinar las situaciones más tristes y desalentadoras con el toque justo de humor negro.
Y, por justo, quiero decir el suficiente para hacer la lectura amena y atractiva, sin pasarse y llegar banalizar la gravedad de lo que narra.
Lo consiguió en las dos obras anteriores que leí de él y, de nuevo, no me ha decepcionado en Nos sale bien pedir perdón (que, por cierto, fue su primera novela larga)
Nos sale bien pedir perdón está narrada en primera persona por su protagonista Jinman, un joven que tras haber sufrido durante años abusos de los que ni siquiera es consciente en una “institución” para gente con necesidades especiales, de la noche a la mañana, participa (de nuevo, sin haberlo pretendido) en una especie de complot contra la institución que hace que esta se venga abajo, quedando totalmente desamparado en un mundo real en el que no sabe cómo moverse.
Como peces fuera de agua, él y su amigo Sibong irán a la casa de la hermana menor de este último e intentarán adaptarse a su nuevo entorno esforzándose por ganarse la vida con lo único que aprendieron hacer en la institución: pedir perdón.
Como puede apreciarse, el contexto que se nos dibuja para esta trama no es para nada divertido ni alegre. Y es que, por si la situación de los muchachos no fuera suficiente, veremos otras problemáticas sociales como prostitución, ludopatía…
Sin embargo, con total arte, Lee Kiho sabe como relajar el ambiente (sin frivolizar ni ridiculizar) con situaciones y chascarrillos realmente cómicos y, al párrafo siguiente, indignarte, o conmoverte, o provocarte curiosidad.
Para mí, es un libro súper entretenido, escrito con una brillantez extrema, y que es capaz de hacerte sentir en cada una de sus partes. Nada sobra, nada falta. Aunque al leer al final, puede que muchos no estén de acuerdo conmigo, yo pienso que es el final PERFECTO para esta historia.
Sinceramente, espero que la incursión de Lee Kiho en el mercado hispanohablante no se quede en esta obra, pues, además de entretener y conmover, los mensajes que nos lanza a través de su literatura son los que a mí más me gustan. Los que te hacen pensar en aquellos problemas que, por ajenos a la mayoría o por haber sido injustamente normalizados, pasamos por alto.


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