Huelva, 7de octubre de 2022
Quien me conoce bien, sabe que mi más profunda admiración en el mundo de la literatura coreana contemporánea tiene nombre y apellidos: Hwang Sok-yong.
Para mí, no existe obra mala de este autor. ¿Idealización? ¿Cariño por ser suya la primera obra no clásica coreana que logró emocionarme de verdad? No lo sé, pero debo decir que, aún a riesgo de quedar de exagerada y poco imparcial (algo nada bueno dada mi profesión), si hay algún autor coreano que actualmente sea realmente digno de un premio Nobel de literatura, ese es Hwang Sok-yong. ¡Toma ya! Y ahora podéis apedrearme si queréis ja, ja, ja.
Pero es que de verdad lo pienso. Sí, tal es mi admiración y respeto por este completísimo autor. Su estilo, la variedad de sus temas, su maestría para aunar ficción e historia; literatura e información; tradición y actualidad… Todo ello hace que pasar las hojas de cualquiera de sus novelas sea para mí una de las mejores experiencias lectoras.
En esta ocasión, vengo con una de sus obras más fundamentales: Bari, la princesa abandonada, una novela basada en una de las leyendas coreanas por antonomasia, pero traídas a la época actual. La verdad que, incluso teniéndole la enorme fe que le tengo a este señor, me entró un poco de miedo antes de leer por primera vez este libro años atrás. ¿Cómo puede la chamana de la época de Silla Baritegi compararse con una niña que logra escapar de Corea del Norte hasta Londres y su lucha? ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? Pues, damas y caballeros, el señor Hwang lo volvió a hacer. Volvió a lograr que una purista como yo (pues lo reconozco, no soy NADA amante de los cambios, las adaptaciones, las nuevas versiones, los remakes y demás destrozos) cayese rendida a los pies de la nueva Bari. Una historia que, pensándolo fríamente, no es que tenga muchas conexiones con el mito original y, sin embargo… ¡está tan presente en cada paso que da la nueva protagonista!
En mi opinión, si disfruté tanto de esta historia fue porque ya conocía varias versiones de este mito; pero he de admitir que, incluso si se desconoce por completo, es una obra totalmente disfrutable. Y me atreveré a decir más: creo que su lectura es una manera perfecta de acercarse por primera vez a esta historia que es parte fundamental del acervo cultural coreano.
Además, también pienso que es una buena forma de aprender sobre la figura de las chamanas. Y aprender de verdad, no dejándonos llevar por la imagen de brujas o exorcistas que erróneamente nos ha estado llegando durante años.
Una historia de superación, de fuerza, de discriminación, de lucha… con presencia de la cultura clásica coreana y referencias a la historia más reciente.
Una joya que se ha ganado un lugar de honor en mi caótica, pero muy querida, estantería.

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