Huelva, 22 de enero de 2024
Hola a todas y todos.
Hoy vengo a hablar de uno de mis libros favoritos y, a la vez, uno de los que más tiempo llevaba postergando reseñar. Y es que, pensándolo bien, el que me guste tanto y a la vez tenga que advertir que lo leamos con prudencia, hace que mi recomendación resulte un poco confusa y contradictoria.
Se trata de El guardia, el poeta y el prisionero de Lee Jung-myung, una novela que desarrolla por completo entre los muros de una cárcel, pero que, paradójicamente, es un canto a la libertad, a la poesía, a la literatura en general y al poder de los libros.
Quien nos narra la historia es Yuichi, un guardia japonés que, tras la derrota de su país y la liberación de Corea, ve cómo el mundo que conocía da un vuelco y su rol dentro de los muros de la cárcel de Fukuoka pasa a ser el de prisionero. Desde esta nueva posición, recuerda lo sucedido tiempo atrás, cuando aún estaba al otro lado de los barrotes, durante el tiempo que llevó a cabo la investigación del misterioso y cruel asesinato de otro de los guardias, y la cual tiene mucho que ver la relación que tenía con el preso Hiranuma Tōchū.
Pero ¿quién es Hiranuma? Ese es el punto más fascinante (y precisamente, también es por el que digo que hay que tener cuidado al leerlo). El nombre de Hiranuma no es más que un yugo que tuvo que colocarse al cuello para sobrevivir en tiempos de la colonización uno de los poetas más maravillosos de la historia de la literatura coreana: Yun Dong-ju. Sin éxito, pues sus poemas terminaron por llevarlo preso a la cárcel de Fukuoka, donde terminaron con su vida de una forma cruel, injusta e inhumana que quizás muchos ya conozcáis (pues hasta hay una película de 2016 sobre su vida del director Lee Jong-ik y protagonizada por Kang Ha-neul, Dongju: Portrait of a Poet), pero de la que no doy más detalles para no fastidiarle la lectura a nadie.
La magia de “El guardia, el poeta y el prisionero” reside en cómo algo tan terrible como lo que acabo de explicar puede ser narrado de una forma tan bella y delicada y aunque parezca increíble, en ocasiones hasta esperanzadora a pesar de que desde el principio nos deja entrever un final que no será el deseado por ningún lector.
Quizás porque hablamos de Yun Dong-ju, y no solo de su vida, sino también de su obra, la cual se va colando a retazos entre la narrativa de Lee Jung-myung. Quizás porque, como digo, la literatura impregna todo ese contexto gris y hostil, y nos muestra como puede sanar lo que los golpes han herido y arreglar lo que los horrores de la guerra y la violencia han corrompido.
Además de todo ello, como digo, Yun Dong-ju es uno de los poetas coreanos más importantes y su obra es de incalculable valor. Por eso creo que el que esta obra se haya traducido es una auténtica maravilla pues, vuelvo a repetir, la novela en sí es conmovedora, atrapante, de esas que no dejan indiferente y de las que se quedan contigo mucho tiempo después de leer el último reglón. Por ello, estoy segura de que su lectura, más sencilla y atractiva que lo que a priori pueda parecer a muchos la de un poemario coreano de principios del siglo XX, hará que, sin duda, muchos se interesen por Cielo, viento, estrellas y poesía, la única obra de Yun Dong-ju y que, afortunadamente, podemos encontrar en español en la serie de literatura coreana de la editorial Verbum.
Pero ¡ojo! No debemos perder de vista que, aunque esta obra habla de la vida en prisión del poeta, quien sí existió de verdad, y de que estoy segura de que Lee Jung-myung habrá investigado muchísimo para escribir este homenaje a su figura, ES FICCIÓN. No tomemos esto como si fuera una crónica que pasó tal y como se relata. De hecho, solo Yun (Hiranuma) es un personaje real.
A veces hay gente que se olvida de este factor y cree todo lo que se cuenta a pies juntillas, y tampoco es eso.
Otro punto a tener en cuenta y del que os tengo que prevenir es que este libro está descatalogado, por lo que encontrarlo puede resultar difícil. Así pues, si tenéis la suerte de se cruce en vuestro camino, NO LO DUDÉIS.

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