Seongnam, 26 de febrero de 2024
Intrusos nos cuenta la historia de un hombre. Uno de esos a los que siempre les toca perder en la vida, pero al que tanto dolor ha acabado anestesiando. Sin saber ni de dónde viene ni por qué ha ido a parar allí, un día se nos presenta a los lectores en plena estación de Gangnam, sin dinero, sin trabajo y sin planes.
Pronto, entra a trabajar en una empresa de reparto y, entre entrega y entrega, irá topándose con los más variopintos especímenes de la sociedad seulita: una mujer que fuma más que un tubo de escape, un policía con el look del rey del pop, una camarera la mar de melosa y generosa con sus propinas, un profesor retirado que parece no querer colgar los hábitos de la enseñanza... y, por supuesto, cómo no, sus propios compañeros de trabajo.
Todas estas descripciones no son más que frases sin sentido, lo sé. Pero lo hago a conciencia, pues la gracia de esta novela es precisamente esa: que vayáis descubriendo junto con el protagonista todo lo que se oculta detrás de estos personajes. Y también, por qué no, a él mismo (aunque en menor medida, porque, en mi opinión, a pesar de ser el protagonista y aunque pueda parecer paradójico, si hay un verdadero intruso en toda esta historia, ese es sin duda él).
Ese es uno de los puntos que hizo que conectase imediatamente con la lectura. Quizás porque, al igual que él, yo también siento debilidad por los perdedores.
Más que aclararos, os estoy sembrando más dudas, ¿verdad que sí? Genial, vamos por buen camino entonces.
Pues ese es precisamente el juego con el que el autor Jung Hyug Yong nos vacilará durante las 256 páginas del libro: capítulos cortos, con frases de inicio que enganchan y finales de "no me puedes dejar así"; hacen que la curiosidad se mantenga viva y no puedas parar de leer. Literal. Estando hasta los topes de cosas por hacer, me lo bebí en tan solo dos días (o mejor dicho, noches. Porque... ¡yo no podía irme a dormir sin averiguar qué estaba pasando!).
Muchos de los que me siguen desde hace tiempo, sabrán que mi debilidad no es precisamente la literatura contemporánea coreana. Uno de los motivos principales es que, a veces, no logro ver en ella esa impronta personal del país y termina pareciéndome una buena o mala novela sin más. Sin embargo, Intrusos no es para nada uno de esos casos.
Y no solo porque nos permita recorrer con sus descripciones el distrito de Gwanak como si estuviéramos nosotros mismos haciendo las entregas, sino que, además, te describe aspectos de la cultura actual de Corea. En su mayoría, en forma de crítica (la jerarquía social, la esclava cultura del trabajo...).
Como toda obra literaria, Intrusos no nos cuenta una historia simple y cotidiana. Para eso ya está tu vecina, la Mari la del quinto B, para que te la cuente. Pero el lenguaje utilizado es tan natural y realista, sin dejar de ser literario, (por cierto, aquí debemos pararnos un momento para reconocerle el mérito a las traductoras, digo yo, ¿no?) que tú te metes dentro de la historia y te la crees como si lo estuvieras viendo con tus propios ojos.
Por último, otro de los puntos que me ha gustado es que el prota, a pesar de que nadie lo adivinaría por su forma de hablar y actuar, es un lector empedernido que se la pasa soltando citas de otras obras cada dos por tres, convirtiéndose así en el mejor publicista literario de la historia y haciendo que mi lista de pendientes haya aumentado en lugar de disminuir después de la lectura de "Intrusos". Literatura alimentando y alimentándose de literatura. Me encanta.


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