Seongnam, 3 de septiembre de 2024
Hay veces que en lugar de hablar de libros, es necesario poner el foco en quienes los hacen posibles. Entre el autor y el lector, hay un extenso camino lleno de manos trabajadoras que hacen que se derrumben barreras tan inmensas como las del idioma. En este camino (y permítanme que lo diga yo, aunque suene un poco prepotente de mi parte) el rol de los traductores es fundamental, por lo que la iniciativa de #GratefulForTranslators este mes de @ltikorea_official con la que se pretende hacer un pequeño homenaje a todos aquellos que cambian horas de sueño por hacer que la magia fluya entre países con lenguas y culturas diferentes me parece una oportunidad única que debo aprovechar.
Es mucha la literatura coreana traducida al español que he leído, como muchos son los traductores y traductoras a los que admiro, agradezco y respeto. Pero, sin duda, uno de los más destacados entre ellos para mí es el profesor y traductor Álvaro Trigo Maldonado, con cuyas traducciones aprendí desde mis primeros pasos en este mundillo de la traducción dos lecciones importantes.
La primera de ellas es que "traducir (especialmente literatura) no es pasar palabras de un idioma a otro". Detrás de cada obra, hay un contexto histórico y social que, si se desconoce, no se puede transmitir al lector extranjero. Pero Álvaro Trigo, antes que en traducción, ya había dedicado sus años a formarse en todo aquello que le ha posibilitado traducir obras tan importantes desde un punto de vista cultural e histórico como esta que veis en la fotografía de Chae Man-sik El idiota de mi tío o La fortaleza helada de Kim Hoon.
La segunda lección que aprendí es que, al contrario de lo me dijeron una de vez sobre que "un buen traductor debe elegir bien las obras que son para él", un buen traductor es aquel que es capaz de traducir de todo adaptándose en cada momento al autor y su estilo. Esto es algo en lo que también destaca este Trigo, como muestra el que entre su trabajo encontremos desde obras satíricas, dramáticas como juveniles.
Sin duda, poder llegar a ser un profesional como él es algo casi inalcanzable para mí, pero una vez me dijeron que "aunque sepas que no vas a llegar, apunta al sol. Será la manera de al menos llegar lo más lejos posible".
Y en eso, los trabajos de este señor han sido toda una inspiración, y en cierto modo han marcado el camino que profesionalmente estoy recorriendo hoy.
Por ello, aquí va mi pequeño "homenaje" y todos mis buenos deseos para que siga durante muchos años más trabajando como sólido puente entre la literatura coreana y los lectores hispanohablantes.


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