The Snowy Road de Yi Chong-jun, cuenta la historia de
familia que pierde todo debido al alcoholismo que sufre el hijo mayor. Tras
morir su marido y su primogénito enfermo, todo lo que le queda a la madre son
deudas y su hijo menor. Por el bien de su niño, la madre mantiene la dignidad
hasta el último momento e incluso renuncia a criarlo ella misma entregándoselo
a unos familiares, pues la felicidad de su hijo es su único objetivo. Sin
embargo, el hijo malinterpreta el sacrificio que su madre hizo y no la
comprende hasta que, años después, su madre cuente como volvió por el camino
nevado después de que él hubiese tomado el autobús.
A simple vista, resulta evidente que esta novela trata
de una obra familiar, en la que se narra el amor incondicional de una madre
hacia un hijo. Un amor que la mayoría de seres humanos hemos tenido la suerte
de disfrutar, pero que, por lo general, al haber recibido ese cariño desde que
nacemos, no sabemos valorar.
Es por este motivo, por ser una obra tremendamente
emotiva y familiar, por lo que la lectura de esta novela me emocionó mucho.
Sin embargo, esta obra no es solo una novela familiar
que habla de los sacrificios que una madre hace por su hijo. Si así fuese,
sería una obra demasiado estereotipada que no me hubiese llamado la atención.
En mi opinión, The Snowy Road, no solo una obra familiar, sino humana. Yo creo
que los seres humanos nunca envejecemos. Maduramos de la niñez a la edad adulta
y allí nuestra mente y nuestro corazón se quedan por siempre. Aunque nuestro
cuerpo envejezca. Es por eso que una persona siempre tendrá deseos y sueños, da
igual si es un anciano e incluso si va a morir pronto. El ser humano es así,
aunque en muchas ocasiones lo niega, como ocurre en The Snowy Road.
Aunque puede ser que mi opinión resulte exagerada para
muchos, creo que el ser humano es egoísta por naturaleza. Incluso en su forma
de amar a otros. No quiere responsabilizarse de nada ni nadie, pues
responsabilizarse de lo que sea siempre empeora nuestra calidad de vida y
limita nuestra libertad.
Pero las personas también amamos. Y ahí es donde surge
el conflicto. Donde nacen los remordimientos entre nuestro deseo de hacer
siempre lo que queramos y nuestra conciencia de responsabilidad. Por eso, dejar
de ser egoísta por amor, es el mejor regalo que pueden hacernos.
Porque hacer sacrificios, no es un instinto de las
madres. Las madres son humanas y, por ende, también egoístas. Y, es justo por
ese motivo que sus sacrificios son aún más valiosos.
Creo que ese es el mensaje de esta obra, y por eso me
ha gustado. Quizás en Corea la relación entre padres e hijos sea más intensa
que en otros países. Aún así, creo que esta obra tiene un mensaje universal y
que por ello, sería una buena obra para ser traducida, y que seguro que
obtendría un gran éxito en el mercado literario extranjero, al igual que ocurrió
con la obra de Kyung-sook Shin, Por favor, cuida de mamá, pues en mi opinión
ambas obras tienen varios aspectos en común.
NOTA: La versión que yo me leí es la de la antología de la foto, pero hay una versión de la editorial Hollym con una portada mucho más hermosa.



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