Huelva, 21 de octubre de 2023
“Cuando un libro esconde mucho más de lo que se publicita”. Si tuviera que poner a “Sobre mi hija” como ejemplo de algo, esa sería la frase con la que lo resumiría todo.
Catalogarla como “una obra LGTBIQ+” está bien porque, ciertamente, lo es. Pero sinceramente creo que una obra social, en el que la situación que vive la hija de la protagonista por su homosexualidad es una más de las tantas críticas que se lanzan contra la sociedad actual: La precariedad laboral, la futilidad de todos tus esfuerzos cuando llegas a la vejez, el egoísmo, la incomprensión, el miedo al rechazo del mundo que te rodea, lo doloroso que es a veces un hecho del que se nos plantea siempre lo positivo como es el tener vínculos fuertes con otras personas…
Sobre mi hija es una novela contradictoria. No es una obra amable (porque menudo dramón se nos presenta), pero sí es bonita y enternecedora. Es cruelmente realista, pero, a su vez, lamentablemente aún queda mucho para que el “primer paso” que se nos plantea al final se vuelva lo común y normal que debería ser. Es sencilla de leer, sin grandes artificios a nivel estilístico, pero a la vez, la dureza de lo que describe te obliga a parar un rato, tomar aire, y releer el párrafo para, ahora sí, un poco más libre de la congoja, entender y ver la escena que se nos está describiendo en detalle.
Y hablando del estilo, precisamente esa sencillez excesiva que erróneamente preveía era la que quizás hizo que le diese una oportunidad a este libro demasiado tarde. Temía que, como pasa con otras obras, fuese más un telegrama que una obra literaria. Afortunadamente, no fue así en absoluto y, por eso, aprovecho aquí para recordar que NO SE FÍEN DE NADIE (sí, ese “nadie” me incluye a mí también) y den siempre una oportunidad a las obras digamos lo que digamos. “No hay libro malo, hay lector errado”. No he leído la obra original, pero sin duda, en el caso de la versión en español, el trabajo de las traductoras ha sido impecable.
Debo decir que, quizás, el único punto negativo es que no logré conectar con ninguna de las dos protagonistas. Es decir, ni con la madre, ni con la hija. Con quien empaticé más y cuya situación y sufrimiento me causó más dolor fue la novia de Green (la hija de la protagonista). Pero, ¿sabéis qué? Eso es, en parte, también un punto a su favor. Lo hizo más real. Porque, como en la vida, a veces encontramos a personas que no nos caen bien o con las que no compartimos nuestras opiniones, pero a las que entendemos y a las que apoyamos porque somos capaces de ver que su actitud no es más que una consecuencia de este muy loco e injusto que todos hemos creado.

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