Seognam, 1 de abril de 2024
La espera es uno de esos libros difíciles de
reseñar, porque es casi imposible encontrarle algún “pero”. Es decir, no encuentro
nada de negativo en ella. O bueno, quizás solo una cosa (pero esa la dejo para
el final de la reseña).
Viendo la portada, muchos incluso podrían esperar
una segunda parte de Hierba, pues han mantenido la estética intacta. Sin embargo,
no es así en absoluto, aunque si mantienen un punto en común: el dolor.
El de Hierba es el de esas mujeres que fueron
abusadas de todas las maneras imaginables, y el “La espera” es el de esas personas
cuyas familias fueron separadas al erigirse la frontera que dividiría para
siempre la península coreana en dos mitades enemigas que, sin embargo, seguían
(siguen) iguales en alma, historia y sangre.
El dibujo, la ausencia de color, los continuos
viajes entre el presente y el pasado, las historias secundarias, que planean alrededor
de la principal, pero que bien merecerían capítulo aparte… hacen de este libro
no solo una lectura interesante, sino también necesaria (aunque, advertidos
quedan, dolorosa).
No me gusta comparar porque, como dije al
principio, Hierba es un dolor y La espera es otro. Y cuando a mi me duele la
garganta y el pie, voy a ambos médicos: al otorrino y al podólogo, porque ambos
dolores son importantes. Lo mismo que es importante saber cuál fue el origen,
para ayudarme a prevenir que repita las mismas acciones que me llevaron a esta
situación.
Sin embargo, debo decir que esta historia me conmovió
aún más. O quizás, es que deba releer pronto Hierba para tener la herida más
abierta, no sé.
El caso es que, como dije al principio, os
recomiendo que leáis La espera porque, para mí, solo tiene una pega: Desearía
que se hiciera una versión en novela, más extensa. Ojalá.

No hay comentarios:
Publicar un comentario