Seongnam, 20 de septiembre de 2024
Cruzaré el tiempo por ti es una novela que
logró romper todos los prejuicios que pude alguna vez haber tenido sobre ella y
que, a pesar de haberme sorprendido para bien, no recomendaría a todo el mundo.
Esta obra está, al igual que la mayoría de las
creaciones de esta autora, catalogada dentro del género de “novela juvenil”.
Sin embargo, o yo me estoy haciendo vieja, se me ha olvidado por completo cómo
es ser adolescente de verdad y considero que todos son más débiles de lo que en
realidad son; o verdaderamente la novela juvenil coreana que he leído últimamente
requiere de más madurez emocional de la que yo le atribuyo a la generación Z.
Cruzaré el tiempo por ti es la historia de dos
jóvenes que, por azares del destino, llegan a intercambiar cartas sin que
exista más vínculo entre ellas que compartir el mismo nombre. A simple vista,
esto puede parecernos una simple casualidad no nos llame la atención más allá
que como algo anecdótico, si no fuera porque una de ellas vive en el pasado
(finales del siglo XX) y la otra en nuestra actualidad.
Como bien cabe de esperarse de una novela
juvenil, el estilo es sencillo (sin querer decir con esto que sea plano o
carezca de valor literario), y la forma de comunicarse entre ambas muchachas
(por cierto, en el pasado el tiempo transcurre más rápidamente y a la Unju del
XX la conocemos desde su infancia hasta su edad adulta) es coloquial y amena. A
través de las cartas, vamos siendo testigos de cómo entre ellas se forma una
bonita amistad y cómo, tomando ventaja de su especial situación que les permite
obtener información del pasado y del futuro; cada una trabaja en beneficio de
la otra. La del presente, para solucionarle la vida a la del pasado; y para la
del pasado, para ayudar a la del presente a descubrir el secreto que su familia
le ha estado ocultado desde pequeña.
Como digo, la obra es sencilla, y durante los
primeros capítulos se lee fácil y rápidamente sin que nos aporte nada más que
una manera agradable de matar el tiempo (que, por otra parte, era lo que yo
buscaba). Era divertido verlas discutir y, particularmente a mí, me despertaba
ternura verlas en plena “edad del pavo”. El tomar parte en el misterioso
rompecabezas del secreto de la Unju del presente también hacía que en cierto
modo me fuera difícil soltar el libro.
Sin embargo, el final… el final ha sido precioso.
Emotivo y doloroso, fastidiándome la idea que tenía de convertir esta obra en
el comodín perfecto para cada vez que alguno de vosotros me pregunte por “un
libro coreano, pero alegre” (hijo mío… quizás deberías plantearte lo de leer
literatura coreana un poquito más). Y es que sí, el final me ha encantado, pero
me ha dolido.
Es quizás por ello que os recomiendo este libro
para cuando queráis algo ligero, pero a la vez os pille en un buen momento
anímico. Si no es así, quizás no sea la mejor opción (de momento).
Eso sí, merece la pena que lo tengáis en la lista
de pendientes. Que no os dejéis engañar por la etiqueta de “literatura juvenil”
que muchos ERRÓNEAMENTE desprecian. Y también, merece la pena que le echéis un
ojo para valorar lo que tenemos o, mejor dicho, a quienes tenemos. Ese era el
objetivo principal que la propia autora afirma que buscó con la creación de
esta obra y, por mi parte, no puedo más que felicitarla porque no hay duda de
que lo ha conseguido.


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